domingo, 20 de mayo de 2012

La política de #mesacamilla

(Artículo publicado en @ideal_granada el martes 23 de mayo de 2012)


Enfrascados en una época de recortes para todos pretendo contar, con las menos palabras y simplezas posibles, por qué he llegado a la conclusión que nuestro sistema político no es el que falla ni en parte ni en su totalidad. Intentaré probar que no ha dejado de ser viable el Estado del Bienestar, ni el Estado de las Autonomías, ni sería necesario unificar Ayuntamientos y casi, debo reconocer, tampoco sería necesario eliminar las Diputaciones Provinciales. Esto último me duele y es una rectificación en toda regla, ya que llevo cuatro años pidiendo su cabeza en bandeja de planta. La cabeza de las Diputaciones, claro, que están mal las cosas pero no me he echado al monte… todavía.



Nuestra clase política, generalizo sabiendo el riesgo que acarrea, tiene la rara habilidad de echarnos asuntos al circo del debate como mi abuela le echaba maíz a las gallinas en el corral de casa. Todas acudían atolondradas justo al punto que ella quería. El maíz que nos echan a todos nosotros tiene forma de prima de riesgo, deuda país, rescates de bancos y comunidades, herencias recibidas, nacionalidades, localismos, subidas de impuestos, copagos, repagos y un sinfín de historias para no dormir. No lo queremos ver pero, todos a una, los políticos de uno y otro color rehúyen el verdadero debate. Lo esquivan con más maíz apenas nos acercamos a la otra punta del corral. Tienen una capacidad digna de estudio para hoy echárnoslo y mañana criticar cómo o dónde lo echa el otro. Se diría que forman parte de un equipo de relevos perfectamente sincronizado para cambiar de rol en lo que se contabilizan los votos.

El verdadero debate está en reconocer que Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y, en general, el Estado del Bienestar no soportan ni un minuto más el lastre con el que le obligan a funcionar los partidos políticos, que no son capaces de vivir de sus afiliados y necesitan colocar a todas sus huestes presentes, pasadas y futuras al amparo del sector público para que sigan trabajando para el partido de turno. Elegid cualquier Ayuntamiento, Comunidad Autónoma o Caja en quiebra y en la trastienda veremos medrar a parte de la casta política profesionalizada cobrando por los servicios prestados a uno de los partidos.

Es la política de  #mesacamilla  el verdadero cáncer de nuestro sistema político. Unos pocos, los mismos de siempre que nunca se fueron, manejan, reparten y colocan estratégicamente a todos los que les dicen amén, pagando con puestos de relumbrón y sin focos todos los sapos que se traguen cara al público durante el ejercicio. Y si el sistema no puede con todo ese lastre no se preocupen, ya subirán cualquier impuesto que pase por la puerta o reducirán en pensiones, salarios, maestros, policías o bomberos, que somos muy dados a vivir por encima de nuestras posibilidades, pero de la #mesacamilla no sale ni uno que afuera hace mucho frío. A lo sumo cambian de puesto o se turnan para protegerse bajo las confortables enaguas del dinero público.

Ahora que le hemos cogido cariño a la UVI, que esas enaguas ya no dan para todos ellos y los demás hemos perdido la poca vergüenza que teníamos, seguimos estando a tiempo de ayudar, desde la sociedad civil, a eliminar el lastre que ahoga nuestro sistema. Que no nos echen más trigo hacia el otro lado del corral: el meollo del asunto está en la financiación de los partidos políticos y en cómo nadie les pone límites en colocar, pagando favores prestados, a todo aquel que no es capaz de ganarse las lentejas fuera de la política. El sistema está de tal forma montado que necesitan ganar elección tras elección para mantener toda la maquinaria y tanta gente que vive del propio partido, por lo que nada les para en ofrecer el oro y el moro. Al fin y al cabo la semana próxima siempre habrá otra subasta del Tesoro para pagar la cuenta.

Saldremos de esta situación límite en la que nos encontramos, pero si no arreglamos el verdadero origen de todo este desaguisado, la política de #mesacamilla y la financiación de los partidos, estamos condenados. Con el tiempo nos veremos de nuevo en la casilla de salida. El primer partido que acierte a organizarse de modo transparente, sin deudas que pagar, sin trayectoria lanar que compensar, sin obediencia debida que respetar, será ante la sociedad civil digno de depositar en él la responsabilidad de demostrar que nuestro sistema es viable y el mejor posible. Luchemos por eso y evitaremos que generaciones futuras nos recuerden como los que fuimos manejados cual gallinas en corral propio.
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